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Campañas de marketing un tanto curiosas

Coca cola y su promoción de botellas para el mundial 2014 (Fuente: motive).

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Hoteles Riviera Prive y la promoción de gafas de sol en los lavabos (Fuente: psprint).

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Capaña en paradas de autobus de Hello Sunny (Fuente: sunsentinel).

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Campaña de Marlboro dirigida a la gente joven (Fuente: The Guardian).

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Campaña de Heinz con cuestionario para saber que tipo de haba eres (Fuente: jeffbullas).

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Campaña para el Zoo de París en la que simulan la pérdida de algunos animales (Fuente: prexamples).

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Campaña de moda por Alexander Wang con modelos en lavabos públicos (Fuente: nycprowler).

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Campaña de Nike para vender ropa y zapatillas en máquinas expendedoras (Fuente: Technobuffalo).

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Campaña de la cadena hotelera Marriott dirigida especialmente a gays y lesbianas (Fuente: Time).

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Campaña de la marca de ropa  Comptoir Descontonnieres con códigos QR para venta online (Fuente: retailweek).

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Anuncios

Algún día controlaremos la publicidad

Durante la final de una Copa de Europa o en la emisión del último capítulo de la serie de moda, nos sentimos abrumados por la cantidad de anuncios y anunciantes que se cuelan en nuestras pantallas. Las famosas marcas de refrescos y hamburguesas, las infinitas fragancias para mujer, los helados cuando llega el verano o el anuncio de una gran marca de moda aparecen de forma continua en nuestra televisión.

En las plataformas digitales sucede algo parecido, pero más de acuerdo a lo que ya consumes-visitas en la red. Recordad el momento en el que buscáis el mejor precio de un billete para Francia y su correspondiente habitación de hotel, al momento siguiente de dejar de buscar y acceder a vuestra cuenta de Facebook, os aparecerán ofertas de billetes y hoteles. Nuestras búsquedas están registradas, cómo si dejáramos una huella en la red, para que la publicidad sea más directa.

Pero que sucedería si fuera al revés, si fuera el usuario el que elige la cantidad y el tipo de producto que quiere ver anunciado. Parece una incoherencia cuando estamos hartos de publicidad y de que corten nuestra escena favorita con la última cuchilla de afeitar, pero no es del todo así; no odiamos los anuncios, odiamos a la cadena que los emite indiscriminadamente.

Se podría decir que ya somos “mayores de edad” en cuanto a publicidad. Seguimos siendo influenciables, pero desde la generación MTV, allá por los ochenta, el marketing ha formado parte de nuestras vidas, acostumbrándonos a todo tipo de estrategias, pero convirtiéndonos en expertos consumidores; sabemos lo que queremos. Entonces si sabemos lo que queremos ¿por qué no elegir la publicidad que queremos?

Ya sabemos que si buscamos precios de coches, un algoritmo nos traerá anuncios de coches a nuestro correo o canal de Youtube, pero podríamos seleccionar ese tipo de anuncios antes de que nos llegue de forma “espontánea”. Si queremos comprar un coche, elegiremos para nuestra televisión-con Internet-que durante dos semanas los anuncios de coches sean más numerosos y sobre todo los que hablen de ofertas o descuentos.

Si soy un soltero que busca pareja, podría programar mis anuncios-un estilo a “choose your advertising please”- para que aparecieran los últimos estrenos en el cine, restaurantes, escapadas de fin de semana, ropa y fragancias para caballero, joyas, etc. Anuncios totalmente distintos a los que tendría si la cita funcionara.

La clave está en mi elección personal sobre el tipo de publicidad que deseo, en un feedback total con las marcas y con las agencias y en una evolución consciente por nuestra parte como consumidores. La publicidad está experimentando cambios de forma rápida y es nuestra responsabilidad como profesionales de marketing, hacer partícipes a todos los actores.

Hitler Ice-cream

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A la hora de “bautizar” un producto es muy importante delegar parte del trabajo a profesionales. No es tan fácil como parece (poner un nombre aleatorio y ya está), no; detrás de ese nombre debe de haber una serie de requisitos mínimos que debe cumplir. Como por ejemplo que ese nombre no este utilizado en otros productos, que sea fácil de recordar, etc. (más…)

El egocentrismo en la publicidad

Como es evidente, vivimos en una sociedad donde la persona es el centro del universo. Las empresas están siempre intentado buscar motivos para que compremos sus productos y estos van dirigidos a satisfacer las necesidades de cada uno. Para ello, mediante la publicidad se buscan estratagemas que ensalcen la figura del individuo y del yo, haciéndonos pensar que consumir o usar un determinado bien o servicio te va a convertir en una persona mejor, o más exitosa.

Curiosamente, la exaltación de la imagen del yo se explota mucho en los anuncios de vehículos y de fragancias. Un ejemplo muy claro es este anuncio de BMW, en el que se muestra como un coche de esa marca hace al hombre más atractivo a las mujeres. Lo que están diciendo es: si quieres ligar, conduce un BMW:

Continuando en la línea de los coches, aquí va un anuncio de Mercedes con un mensaje muy claro: Si quieres ser alguien en la vida, cómprate un Mercedes. Y es que el tipo que conduce ha fracasado muchas veces, pero sabe que tener un vehículo de esa marca siempre es un acierto:

Esto es lo que ocurre con los coches, pero como he mencionado antes, también es muy típico en las colonias. Aquí hay tres ejemplos claros de lo que me refiero. En todos ellos, se muestra tanto a un hombre como a una mujer triunfadores, jóvenes y con ganas de vivir, así como seductores y rompedores. A sus protagonistas no les importan las reglas, se puede decir que son los mejores. Conclusión: si quieres ser como ellos, es decir, una persona libre y seguro de tí mismo, usa sus perfumes:

Se puede comprobar que en su mayoría estos anuncios están hechos para hombres, aunque es verdad que también los hay para mujeres. Independientemente de esto, es importante ver cuál es el mensaje que transmiten: si usas sus perfumes, el mundo estará hecho para ti. Tú eres el centro de todo. Para mi, el ejemplo más claro de spot publicitario que exalta el ego del hombre, es el popular anuncio de INVICTUS de Paco Rabbane:

Y es que el nombre del perfume ya lo dice todo, INVICTUS, el invencible, el que puede con todo. El tipo del anuncio, andando es más rápido que jugadores profesionales y consigue que en el vestuario les esperen un grupo de musas. Este tipo aparece como un ser superior en el que él es el punto gravitatorio alrededor del cual giran el resto de cosas. Obviamente, es lo que quieren que creas.

No deja de resultar curioso como el mundo de la publicidad y el marketing juegan con el concepto del yo. La pregunta que surge entonces es la siguiente: ¿Formamos parte de una sociedad donde prima ser el mejor por encima de todo? ¿Son las marcas las que juegan con ese concepto porque está arraigado en la cultura o son las empresas las que lo crean? ¿Pretenden imponernos un estilo de vida determinado, en el que no existe nada más relevante que uno mismo o simplemente usan esa idea para ganar dinero y crear tendencia? Si seguimos fielmente lo que nos dice la publicidad anterior, se puede decir que para triunfar en la vida debes usar Channel, Valentino, BMW, Mercedes, fragancias de Paco Rabanne, etc. De esa forma, serás una persona libre, independiente y segura de tí misma.

Personalmente, no estoy en contra del consumo de productos o bienes de gama alta o de marcas con prestigio. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con su dinero y además, hay que tener en cuenta, que todos esos productos implican normalmente una calidad mayor en varios aspectos. Sin embargo, cabe recordar que no todo en esta vida se trata de pensar en uno mismo. Aquí os dejo también una escena de la película “El club de la lucha” (Fight Club, David Fincher, 1999) dónde se resume parte de todo lo anterior:

 

 

La publicidad japonesa: un guiño a lo ilógico

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Como es evidente, la publicidad siempre nos sorprende con ideas nuevas y producciones que, en muchos  casos, llegan incluso a marcarnos fuertemente. Existe publicidad dirigida a todo tipo de personas y emociones, en función de lo que se pretenda transmitir. Además, los diferentes spots varían en función de la cultura de un país o de los medios técnicos.

Pues bien, parece ser que en Europa tenemos un concepto diferente hacia dónde deben ir dirigidas las campañas de publicidad. Parece que la sociedad occidental está mucho más orientada al marketing de las sensaciones y del egocentrismo. En los anuncios que podemos ver a diario, priman conceptos que calan en los más hondo de nosotros, o se muestran bienes o servicios que mejoran nuestro estatus.

Esto no es así en otros lugares del mundo. El ejemplo más claro de que la publicidad varía en función de la cultura es, sin ninguna duda, Japón. Y es que bien es cierto que este país ha demostrado unas dosis de imaginación extraordinarias en multitud de ocasiones. Es el caso del impresionante mundo del anime o del manga, donde existen miles de historias con seres increíbles y universos únicos.

En sus campañas publicitarias la creatividad es evidente, pero va acompañada en muchas ocasiones de un absurdo que en Occidente no llegamos a entender. Si bien es cierto que existen muchos y muy diversos tipos de publicidad en Japón, también lo es que sus campañas de publicidad son en muchos casos surrealistas. De esta forma, aquí os traigo dos ejemplos de vídeos donde se pueden ver anuncios reales de la televisión japonesa, en los que uno se queda perplejo ante lo que ve en pantalla. A veces ni siquiera es fácil captar el mensaje de aquello que quieren vender. He aquí un ejemplo:

En el vídeo destaca una tendencia que en Europa es mucho menos frecuente: en el país nipón hay multitud de anuncios donde se canta y se baila a la vez. Además, los colores son en general mucho más llamativos y las historias carecen de sentido en ocasiones. Desde luego juegan mucho con el impacto y la impresión:

Estos anuncios son, obviamente una pequeña muestra del mundo publicitario japonés, que es mucho más amplio y que también incorpora campañas bastante más serias o dedicadas a otra clase de público o sentimiento. Sin embargo, no deja de resultar chocante cómo la cultura influye en las campañas de publicidad de un país, hecho que permite ver qué motiva a la gente de otras partes del mundo a comprar un producto determinado. Ésta era una pequeña muestra de cuán diferente puede llegar a ser algo relativamente cotidiano.

“Estoy harto de los españoles”: un ejemplo de cómo levantar la polémica

Mucha gente ya ha oído hablar de la campaña “Estoy harto de los españoles”, que consistía en la publicación de una serie de anuncios y carteles en la mayoría de las ciudades de España con el objetivo de crear polémica e irritación a la población. Esta campaña publicitaria está promovida por dos empresas, la escuela de marketing y negocios Esic y la filial de la empresa norteamericana Iheart Media, Clear Channel Outdoor. El fin principal es el de llevar a cabo una acción no lucrativa encaminada a mejorar su imagen de marca como institución y empresa que termina con la realización de un concurso en el que se eligen a los 10 españoles más influyentes por su carrera a nivel mundial.

En la segunda fase de la campaña, que se desarrolló a principios de marzo y que aún sigue vigente, se sustituyeron los carteles con el lema “”Estoy harto de los españoles”, por otros en los que aparecían personajes españoles relevantes tales como Gisela Pulido (campeona del mundo de kitesurf con 21 años) o Rodrigo del Padro (director adjunto en la empresa BQ) con el lema “Españoles. Hechos de talento”. Esta segunda fase también implica la apertura de un concurso en la web www.hechosdetalento.es, en la que se puede presentar la candidatura de cualquier español que destaque en su campo y someterla a votación como persona española influyente. Ganarán los 50 más votados y luego, en al tercera fase un jurado elegirá a 10 de estos para hacer una campaña a nivel nacional e internacional de “Españoles con talento”.

Esta idea, en su lanzamiento, produjo toda una reacción de la gente en las redes sociales, e incluso muchos la llegaron a calificar como xenófoba o discriminatoria. Salió en multitud de medios de comunicación y se ha convertido en un referente en el mundo de la publicidad. Mi pregunta va un poco más allá ¿Es necesario que para que una campaña publicitaria triunfe levante la polémica?

Son muchas las empresas que han usado la controversia como recurso para hacer de su publicidad algo muy conocido. En muchos casos ha funcionado y parece que estamos avocados a utilizar este método para que se hable de nosotros. En mi opinión, esto no debería ser así. Han existido multitud de anuncios muy conocidos que no generaron ningún tipo de discusión, sino que se hicieron famosos por su emotividad o por el humor con el que trataban un tema determinado. Otros también han sido fruto de ideas muy ingeniosas o frases o melodías pegadizas.

Es verdad que, desde un punto de vista objetivo, esta campaña ha conseguido lo que querían sus propulsores. Además es fruto de una idea nueva que nunca se había visto antes y que ha sabido jugar muy bien con el sentimiento de país. Ha conseguido que nos valoremos más a nosotros mismos y que desterremos por un momento complejos esteriotipados que nos imponemos a nosotros mismos.

La verdad es que, si bien es cierto que la polémica no debe ser la única forma para llamar la atención, en este caso ha servido para culminar una genial idea de marketing pionera en el mundo. Y es que sería curioso ver cómo reaccionan en otros países a una campaña similar y por lo tanto, si triunfaría o no en otros contextos. Y es que la publicidad depende de la psicología individual y colectiva, de los sentimientos y de los impulsos de las personas. son las personas las que la crean y son las personas las que deciden si darles o no importancia.

Esta es la campaña, éste es el ejemplo: