La era de los datos: ¿Estamos perdiendo el norte?

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Todos sabemos que necesitamos disponer de información concreta, o mejor dicho cuantificarlo todo en cifras. Los números son, obviamente, inmensamente útiles para deducir cuál es la situación de una variable determinada. Variables hay muchas en este mundo, desde el desempleo hasta las calorías que ingerimos. Cualquier cosa se puede cuantificar en función de unos criterios u otros y obtener así una serie de pautas que nos permiten optimizar o predecir el comportamiento de dicha variable.

Bien, esto que cuento está íntimamente relacionado con el mundo empresarial, puesto que las empresas necesitan que se les aporte información, no sólo en datos, sino en la interpretación de estos datos. Las conclusiones que se extraen de analizar cantidades ingentes de información son muy apreciadas. Esto, cada vez más no lo permiten las nuevas tecnologías. El ejemplo más evidente es Google Analytics, que te permite medir una serie de indicadores del tráfico de un lugar web.

Hasta aquí todo fenomenal. Sin embargo, la cosa parece estar pasando de castaño a oscuro. Y es que algunas empresas americana de análisis de datos, han conseguido inventar una aplicación que mide el rendimiento de los empleados en función de las web que visitan, las horas que pierden en las reuniones e incluso el “nivel de felicidad” con el que trabajan (al poder detectar y medir cambios en el tono de la voz). Además, según el estudio de una de las empresas, Volometrix, han llegado a deducir que después de una comida de trabajo los empleados son capaces de resolver mejor los problemas que en una reunión de empresa. Esto me parece increíble. Es algo propio de una película de ciencia-ficción. Y esto no es todo.

Algunas empresas, como Google, están intentando desarrollar el “internet delas cosas”, es decir, la incorporación de dispositivos móviles y electrónicos en la mayoría de los elementos y objetos que usamos diariamente. Por ejemplo, un frigorífico que incorporara este dispositivo y ofreciera información acerca de cuánto y cómo tenemos y por lo tanto, qué debemos mejorar. Incluso el aparato podría hacer la compra por nosotros (virtualemente) atendiendo a nuestras necesidades. ¿Impresionante verdad? Pues esto ya es posible.

En este punto quiero plantear mi reflexión, razón por la cuál he considerado oportuno realizar este artículo. Es innegable que necesitamos basarnos en datos para medir cualquier cosa, y que gracias a ello el mundo avanza y mejora en muchos sentidos. Sin embargo creo que estamos perdiendo el norte, sinceramente. Creo que estamos llegando a un punto en el que la cuantificación extrema está provocando que sólo nos fiemos (y en especial las empresas) de indicadores numéricos y de interpretaciones de los mismos. Por experiencia propia sé (he analizado datos) que las interpretaciones que se extraen de los datos numéricos dependen de cada uno y de que las estadísticas al final nos dicen lo que la persona que realice el estudio quiere que digan.

Así pues, dependemos de interpretaciones personales de una serie de números. Estas interpretaciones hacen fluctuar a la economía y provocan ciclos económicos con consecuencias tangibles como paro, desigualdad social. Se busca siempre encontrar la fórmula perfecta que prediga el comportamiento de vete tú a saber qué, siempre que ese “a saber qué” genere dinero. Parémonos a pensar un segundo: detrás de las cifras hay personas que tienen un interés, sea el que sea (no tiene porqué ser enriquecerse necesariamente), y estas mismas personas son las que nos dan su interpretación dela realidad. Así pues, la realidad de todos se acaba convirtiendo en la realidad que unos pocos reiteran como verdadera.

Y otro asunto más, con el que termino: ¿debemos ser capaces de optimizarlo todo, desde la comida que ingerimos hasta nuestras relaciones personales? ¿Hasta qué punto se puede optimizar el rendimiento de cualquier cosa? Imagino que habrá límites. No quiero pensar que en un futuro cercano todo se cuantifique y todos seamos esclavos de las cifras exactas, no quiero pensar que desaparezcan las letras, que al final son las que han promovido el desarrollo de la ciencia (probablemente muchos de los que desarrollaron el primer aparato que aterrizó en la luna, leyeron o conocían los relatos de Julio Verne).

Los humanos somos seres sociales que nos basamos en la relación con el resto. Esas relaciones determinan todas y cada una de las cosas que hacemos, desde los vaivenes de la economía hasta las nuevas tecnologías. Todo depende de impulsos incontrolables para los que no existe (ni creo que existirá) ninguna fórmula matemática.

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