Nadie está a salvo del plagio en la red

Son varios los casos en los que marcas importantes o seudo artistas han entrado en los perfiles personales de gente corriente para utilizar sus fotografías sin autorización y ni mucho menos sin algún tipo de retribución. Cualquiera que esté en la red puede ser plagiado.

Es una práctica más habitual de lo normal y que se extiende entre las marcas más reconocidas, sobre todo de moda, la de “coger” las fotografías que hemos subido a redes sociales cómo Instagram y Flickr, sin nuestro consentimiento explicito y por supuesto, sin ningún tipo de compensación.

Algunos se preguntarán qué pasa con los derechos de autoría y si, siguen siendo de nuestra propiedad, pero al utilizar estas aplicaciones estamos aceptando-leer la letra pequeña-que pueden ser usadas por la empresa o cedidas a quien ellos decidan.

Con otro tipo de contenidos también es habitual encontrar nuestro texto cambiado en otro blog e incluso copiado directamente sin mencionar al autor. A uno de nuestros redactores le sucedió que un periódico de tirada nacional le pidió utilizar varios datos de uno de sus artículos porque la noticia estaba siendo viral en esos momentos. Nuestro compañero accedió e incluso tuvo una conversación vía telefónica con la “periodista” para conocer más detalles del tema. Resultado: el artículo era casi idéntico al del compañero y no era mencionado en ningún momento; luego hablan de que el periodismo está mal herido.

Pero los dos últimos casos de plagio que han saltado de las redes supera con creces el hecho de que te cojan una fotografía o te copien una historia, llegando incluso al punto de estafa.

Uno de los diseños plagiados al diseñador Martín Across. Fuente: martin-across.com

Uno de los diseños plagiados al diseñador Martín Across. Fuente: martin-across.com

Circula a nivel internacional un “ladrón de diseños” que convence a jóvenes diseñadores para colaborar con este, el cual se hace por estilista y editor que colabora con publicaciones de la talla de ELLE. ¿Se lo imaginan? Salir publicado en la edición francesa de ELLE es el sueño de cualquier joven diseñador que empieza a destacar en este competitivo mundo. El caso es que ya son varios los diseñadores que han unido fuerzas para desenmascarar a este estafador que se aprovecha de la ilusión y necesidad de unos pocos y llevarlo a los tribunales.

El otro caso que os traemos es todavía mucho más escandaloso e hiriente si cabe ya que utilizando la etiqueta de “arte”, Richard Prince, ha realizado una exposición con imágenes de Instagram de gente corriente y las ha vendido al “módico” precio de 90.000 dólares. La estafa, porque hay que llamarlo por su nombre real, ha conseguido llamar la atención de los medios y el público, reabriendo el eterno debate si el arte es libre de expresarse con los medios que necesite tomar o existen ciertas normas de autoría y respeto; lo que está claro es que pretendía lucrarse.

La mayoría de las imágenes expuestas por Richard Prince eran de la cuenta de Instagram suicidegirls

La mayoría de las imágenes expuestas por Richard Prince eran de la cuenta de Instagram suicidegirls

La proliferación de autores en la red también ha subido los niveles de exigencia de algunos medios consolidados. No todo el mundo tiene la capacidad creativa suficiente para alimentar a un público insaciable de contenidos y en muchas ocasiones recurren al plagio sin caer en la cuenta de que es mucho mejor no hacer nada que no ser original.

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