Las grandes superficies expulsan a los invidentes

Hemos entrado en una gran superficie de este país y nos hemos percatado que, ya no por la existencia de dificultades para las personas invidentes, sino que directamente, no pueden realizar ningún tipo de compra sin una ayuda personal.

Ser invidente en España, a pesar de la gran labor de la ONCE, sigue siendo un reto cotidiano. La calle se convierte literalmente en una jungla de asfalto y casi ningún negocio está preparado para su atención sin apoyo de una segunda persona. Esta organización ha cifrado sus servicios para un total de casi 70.000 personas privadas de la visión, una cifra nada pequeña comparada con otros colectivos que si reciben más atención por parte de empresas o marcas.

Nuestra misión era la de pensar cómo un invidente, o más bien, cómo una persona que quiere realizar una compra cotidiana-sin apoyo-pero que no puede ver. No nos hemos puesto la recurrente venda en los ojos, pero les aseguro que si tan sólo se pararan en medio de su supermercado favorito y se pusieran en la piel de una persona ciega, caerían en la cuenta de que es imposible para ella hacerlo solo.

Uno de los primeros efectos negativos que observamos fue la cantidad de ruidos que existen en el mismo supermercado, de diferente índole. La música alta en la zona de electrónica, un vídeo demostrativo en la de repuestos para coches, los aparatos del aire acondicionado rugiendo y otros muchos. El sentido del oído es una valiosa herramienta de orientación y ayuda a relajarnos si nos alteramos, pero en este caso sería mejor que no hubiera ninguno.

Las distribuciones de los pasillos, de las secciones, parecen trampas mortales para una persona ciega. Las cajas de las estanterías o los palets que contienen productos mucho más voluminosos cómo leche o agua, sobresalen de forma irregular, dificultando el uso del bastón. Es bueno una división por género o uso que se le va a dar al producto, pero dentro del mismo ¿cómo sé que es un bolígrafo rojo o azul el que estoy cogiendo?
La división entre estas secciones no está clara y productos tan diferentes cómo el aguafuerte y un limpiador sencillo para la encimera de la cocina están uno al lado del otro.
Otro de los errores de accesibilidad se pueden “sufrir”, incluso si no eres invidente, con los frigoríficos de la carne fresca o congelados. La barra de acero inoxidable del suelo ya se encarga de alejarte unos centímetros del producto, al cual sólo puedes acceder si te introduces casi por entero al frigorífico. Con las estanterías ocurre algo parecido, teniendo que introducir medio cuerpo para coger algún tipo de alimento.

Uno de los pasillos de una gran superficie

Uno de los pasillos de una gran superficie

Por todo el gran establecimiento hemos podido observar que existen unos lectores de barras pequeños, adosadas a un pilar, cuya finalidad es la de mostrarnos el precio si no está claro en el etiquetado. El fallo es que sólo hace eso, muestra, no dice en voz alta el precio y las características del producto.

Aunque uno de los inconvenientes graves-pero solucionable-que se pueden observar fácilmente es el de la rotulación de los precios. Ninguno tiene escritura en braille o algún tipo de código para acceder a una aplicación que nos vaya explicando el producto y el precio. Con las ofertas es algo peor, ya que son carteles hechos de forma sencilla y no poseen casi información.
El recorrido continua y decidimos empezar a comprar, pero no podemos. No existen apenas productos, en una gran superficie, que tengan marcación en braille. Si lo encontramos en algunos productos cuyo envoltorio es de cartón y es más fácil incluirlo, pero ni vidrio, plástico o cualquier otro tipo de embalaje lo poseen. Se podría decir que si un invidente logra llegar solo a uno de los pasillos, sólo podría comer latas de sardinas, cereales, galletas de chocolate y algo de comida para su gato.
La segunda sorpresa, no tan grata, fue que este tipo de ayuda en los productos lo podremos encontrar en algunos de la marca blanca del supermercado-y no en todos; las grandes marcas se han olvidado de que un ciego también puede hacer la compra. Es tal la obsesión por la visualización del producto que si esta no se produce, no es un nicho de mercado interesante.

Etiquetado sin braille

Etiquetado sin braille

El tacto es de gran ayuda para ellos y si que existen productos reconocibles para ellos, pero la zona de frutería es todo un reto. Primero, que no pueden tocarla por motivos de salubridad; segundo, que no pueden distinguir los diferentes tipos de manzanas o peras sin que nadie les ayude; tercero, que la zona de pesado es esencialmente visual, sin posibilidad de códigos sonoros. Tan sólo las secciones con atención directa, ya sea charcutería o pescadería, permiten a un invidente tener, en cierta forma, el control de su propia compra.

Nos vamos del establecimiento desolados, impotentes ante un mundo consumista que ha olvidado por completo a parte de su clientela y que la relega a la ayuda de una segunda persona. Cuando alguna de estas marcas nos recuerde que todos sus clientes son importantes, habrá que recordarles que hay muchos que no lo ven así (perdón por la ironía).

Ni en la sección de libros existe apoyo en braille

Ni en la sección de libros existe apoyo en braille

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