Yo no estoy preparado para el 2050

Olvídense de los coches voladores o de viajar por tubos hasta el trabajo, el futuro siempre supera a la propia ciencia ficción y en ocasiones no de forma grata. Aunque nuestra curiosidad felina nos lanza un pregunta ¿cómo será el año 2050?

La revista muy interesante, junto con el club de escritura Fuentejana, ha sacado un concurso de redacción de noticias insólitas pero creíbles de inventos o sucesos que pudieran acaecer en el 2050. Es difícil vislumbrar que sucederá dentro de más de treinta años, pero si analizamos el comportamiento actual de la sociedad y cómo la tecnología, la ciencia, la ingeniería y otras ramas, incluyendo las humanidades, dan respuesta a dichos comportamientos y necesidades, podríamos realizar un ejercicio atrevido de “adivinación en base a hechos” y avanzar que mundo nos encontraremos en el 2050.

Los smartphones serán una reliquia.
La irrupción de los relojes inteligentes han supuesto el comienzo de una tecnología que cambiará la forma de comunicarnos. Las Google Glass ya vaticinaron que el futuro está en dispositivos que interaccionan por el iris y en 2050 habrán podido conectar estos dispositivos con nuestro cerebro para ejecutar órdenes de forma intuitiva. No veo una conexión al uso, como la conocemos actualmente, sino que la tecnología de esa época podrá detectar las reacciones eléctricas de nuestro cerebro e interpretarlas para llamar a un familiar o leer el último mensaje.

No existirán vehículos propios, sino comunitarios.
Se acerca el final del invento del siglo XX, el automóvil, para evolucionar a módulos de transporte individuales. Las grandes compañías automovilísticas habrán sufrido una gran fusión y quedarán muy pocas que puedan llevar cabo una obra de tal magnitud: crear una red público-privada de vehículos para la ciudad. Es una imagen icónica de la película de “Minority Report”, pero esta vez debida a la escasez del petróleo y el auge incesante del calentamiento global.
Tendremos un vehículo para nosotros en la puerta de nuestra casa para desplazarnos por la ciudad o por el estado y por el cual pagaremos un impuesto o tasa según las veces que lo utilicemos. El sistema en el que se trasladarán será ecológico y las carreteras utilizarán el mismo sistema que utilizan los trenes bala de Japón.
La influencia de esas mega compañías automovilísticas llevará a las ciudades a cambiar su nombre por el de la empresa que controla todo el parque automovilístico ¿se imaginan una Opel Madrid?

Nos guste o no, los transgénicos se impondrán.
Por una sencilla razón: los virus se harán cada vez más letales y los medicamentos cada vez más inocuos. La fruta, carne o verdura modificada genéticamente no sólo “asegurará” la alimentación de la población, también se usarán para combatir las enfermedades. Hay que decir adiós a los analgésicos para el dolor de cabeza o a los sobres que nos alivian el resfriado; en el 2050 pediremos-o nuestro frigorífico lo hará automáticamente-alimentos basados en la medicina tradicional pero que tras ser modificados genéticamente, verán potenciados sus cualidades médicas.
Los virus se fortalecen cada año debido a nuestro consumo compulsivo de medicamentos, por lo que el futuro estará en que nuestro cuerpo tenga la capacidad y el tiempo necesario para fabricar sus propios anticuerpos con el ataque de un nuevo virus.
No significará el final definitivo de las medicinas, ya que seguirán habiendo medicamentos para casos de urgencias, pero no en el volumen actual. De ser así ¿la industria farmacéutica estará en peligro de extinción? Todo lo contrario.

Alimentos transgénicos. Fuente: ecobusiness

Alimentos transgénicos. Fuente: ecobusiness

Los medicamentos tratarán “problemas del cerebro”.
La depresión será la epidemia de este siglo y todos los laboratorios se volcarán en curar todos los tipos de depresión. ¿Tipos? Si, porque la industria generará diferentes fármacos alegando que la OMMS ha clasificado a las enfermedades mentales de forma diferenciada. Pero quedarse en curar la depresión no será suficiente y coparán todos los posibles ámbitos en el que el cerebro participa en nuestra vida cotidiana, es decir, en toma de decisiones, aumento de concentración u órdenes en nuestra biomecánica. Ya existen medicamentos que te hacen ver la vida de forma positiva o que te ayudan a estudiar una oposición, la novedad se encuentra en su normalización y en la diversificación; tomaremos una pastilla determinada para pedir el aumento de sueldo y otra muy diferente para pedir una cita.

Ganarán en importancia las Inteligencias artificiales (virtuales).
El desarrollo de esta tecnología ganó relevancia con la incorporación de SIRI al iPhone y las posteriores novedades de Microsoft y Google, pero actualmente no llegan a lo que en la película “Her” se plantea; una IA autónoma y con sentimientos. Tal vez este avance tecnológico deberíamos ubicarlo cincuenta años más tarde de nuestra fecha señalada, aunque no debemos descartar un avance considerable en el procesamiento de algoritmos. El aprendizaje continuo y en progresión de una IA, le dotará de capacidad para aconsejarnos en tomas de decisiones sobre aspectos laborales y personales. Será algo más que recomendarnos que zapato llevar para la fiesta del sábado, llegando a animarnos a salir para esa fiesta o a advertirnos que la última vez llegamos demasiado perjudicados. Os invito a leer un artículo publicado anteriormente en el que ya tratábamos este tema.

La red social estará asumida cómo parte de muestra vida.
Existe un debate, que se ha puesto de actualidad, debido al auge de las redes sociales: tus amigos de Facebook son de verdad amigos. Aunque no lo queramos admitir, la interacción de cualquier tipo crea vínculos entre las personas, ya sean más fuertes o más débiles. Los beneficios de las relaciones sociales personales, aquellas en los que los individuos pueden tocarse, son importantes y beneficiosas para nosotros. Las relaciones virtuales no poseen ese refuerzo personal aunque si existe una comunicación directa y en tiempo real, en la que se siguen transmitiendo nuestro sentimientos.
En el 2050 llevaremos una sola vida que estará compuesta de momentos virtuales y momentos reales, pero que además el uno alimentará al otro, sin avergonzarnos por habernos casado de forma virtual con una persona de otro país y llevar una vida de pareja exclusivamente en la red.

La nanotecnología será un hecho.
Los avances en esta ciencia nos sorprenden cada vez más y nos sitúan más cerca de la erradicación de enfermedades mortales cómo el cáncer, la regeneración de tejidos o miembros amputados, la creación de materiales extremadamente resistentes y mutables pero muy ligeros o la producción de sistemas informáticos increíblemente veloces. La creación y manipulación de materiales a través del control de la materia a nano escala será la próxima gran revolución industrial y estará pensada para que el hombre pueda dar un paso de gigante en su propia evolución. Cuestiones cómo viajar a la luna Europa o la vida eterna empezarán a verse posibles.

Nanotecnología en la sangre. Fuente: dailygalaxy

Nanotecnología en la sangre. Fuente: dailygalaxy

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