¿Se enamoraría de una Inteligencia Artificial?

La ciencia ficción ha fantaseado con la creación de computadoras que responden de forma autónoma, mostrando incluso sentimientos contrarios hacia su creador, el hombre. Hoy día, estamos más cerca de hacer realidad esa ciencia ficción.

Es un día lluvioso y se despierta con el sonido de las noticias. Al levantarse de la cama, escucha una voz familiar, la de su pareja, que le desea los buenos días. Sonríe y usted responde con un animado “buenos días”. En la ducha y durante el desayuno la conversación se vuelve liviana, nada importante, sobre qué hacer esa misma tarde cuando llegue o como resolver su problema con el vecino que toca la guitarra hasta tarde. Es hora de despedirse pero no hay beso, ni abrazo, tan sólo un “adiós cariño” a una pantalla de ordenador; está casado con una IA.

Esta situación podría darse fielmente dentro de no muchos años gracias al avance que se está realizando en la creación de patrones de respuesta y algoritmos para las IA. Actualmente poseemos asistentes de voz que nos hablan del correo, nos buscan un restaurante cercano o nos hacen la compra cuando el frigorífico está casi vacío. No llegan a una interacción tan personal pero Yann LeCun, director de Facebook en el departamento de IA y el director fundador del Centro de la Universidad de Nueva York para la Ciencia de Datos, asegura que “en el futuro, el aprendizaje profundo, permitirán las interacciones más complejas”.

LeCun vaticina que en el futuro, con el aumento que están experimentando las redes sociales digitales, habrá “una gran cantidad de interacciones con los demás y con el mundo digital”, al que denomina “compañeros digitales”. Su teoría, basada en ese aprendizaje profundo, también la sustenta en la predicción. Los humanos interactuamos con el medio, reaccionamos debido a esta interacción y tomamos decisiones en base a nuestro beneficio propio o el del grupo; realmente realizamos predicciones. La misión de que una IA se parezca a nosotros se vuelve más plausible si se intenta programar para que realice las mismas predicciones. Aunque siempre quedan las dudas que nos hacen tan humanos: ¿podrán sentir amor y dolor? ¿serán conscientes de su propia existencia? ¿tomarán decisiones altruistas o egoístas?

Fragmento de la película Her. Fuente: Cinemania

Fragmento de la película Her. Fuente: Cinemania

En la película “Her” de Spike Jonze, el protagonista se enamora de su sistema operativo tras una difícil ruptura con su pareja real. La relación comienza de forma habitual, como comenzaría cualquier relación sentimental entre dos personas; se van conociendo hasta que entienden que lo que sienten es algo más que una relación afectuoso entre humano y máquina. El final no quiero destriparlo porque es una película muy recomendada (mejor guión original en los Oscar 2014) pero demuestra que las relaciones sentimentales se fundamentan en interacciones, concesiones de sentimientos entre varias personas ¿y no es lo que podría suceder con una IA?

La película es tan significativa que nos lanza varias preguntas durante la misma que ya se están debatiendo en torno a la creación de IA más avanzada. La primera duda sería sobre si los sentimientos, el afecto y la preocupación, e incluso los celos, son generados de forma espontánea-aunque forme parte de un algoritmo-o por imitación de millones de conductas programadas. Parte de nuestras conductas son espontáneas; cruzar la calle de forma irregular, saludar con gesto sin decir “hola” o levantarse de una mesa al sentirnos ofendidos. Todos son gestos no programados-al menos previamente-y que no responden a un patrón porque ¿en qué momento sabría una IA que es el momento de levantarse de esa mesa? ¿a la primera ofensa, la segunda?

El amor entre humanos y las IA podría parecer de locos, pero no olvidemos que muchos nos sentimos de una forma determinada gracias a la interacción con el resto. Si tu pareja te habla de tener hijos, podrías desarrollar un sentimiento de felicidad y bienestar o pánico y claustrofobia. Tus sentimientos, siempre personales, se ven orientados en gran parte por nuestra interacción con el mundo que nos rodea. Cuando nos sentimos solos, vamos a un lugar lleno de gente o a ver a alguien conocido, pero cuando amamos, cuando deseamos estar con otra persona, ¿podría serlo con una Inteligencia Artificial?

Lo que realmente está claro es que, para que una IA evolucione, necesita de la interacción humana, de participar en las mismas decisiones y asumir las consecuencias de las mismas. Una Inteligencia Artificial debería aprender y no imitar, debería crear y no copiar, para llegar a poseer una conciencia independiente.

Los avances en este campo son extraordinarios y veremos en breve que nuestra amiga Siri o Cortana ya no sólo nos hablará del tiempo o de las críticas de una película que mencionaste la tarde de ayer, comenzarán a interactuar a niveles personales, cercanos, tanto que pensaremos que están vivos.

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