El marketing social si es una alternativa.

Las compañías, dadas las circunstancias económicas, no prestan mucha atención a la huella social que dejan con la fabricación y venta de sus productos o servicios. Fabricantes de ropa que poseen talleres en India o empresas on-line que tributan en paraísos fiscales, son un ejemplo de empresas que ignoran las repercusiones de estos hechos y que la sociedad percibe cómo agresiones.

La mentalidad del consumidor ha evolucionado y ya no se conforma con un eslogan pegadizo o una promoción beneficiosa, exigen a la empresa que participe de la globalidad de forma positiva y que no vulnere derechos fundamentales o se convierta en un problema medioambiental.

El marketing social, le brinda a la compañía la posibilidad de manifestar al mundo que si se siente comprometida con su entorno natural y social. Algunos la tildarán de publicidad oportunista, pero si con cada hamburguesa que te compren, destinas un porcentaje alto para crear escuelas en zonas subdesarrolladas ¿por qué no contarlo?

De igual forma que a un consumidor se le plantea una duda moral cuando va a comprar un artículo fabricado con maderas del Amazonas, no duda en adquirir el mismo tipo de producto si está fabricado con bosques ecológicos (sostenibles y talas controladas).

Ejemplo de Marketing Social realizado por Iberdrola.

Ejemplo de Marketing Social realizado por Iberdrola.

Se debe tener en cuenta, a la hora de practicar marketing social, de que sus acciones van más allá de la tala de árboles, porque también implica a las poblaciones que pierden su hábitat, el oxígeno que se deja de fabricar, el subdesarrollo de la zona, etc. Cuando se plantee estos elementos y los resuelva a favor del conjunto de la sociedad, pondría decir que se acerca a un marketing social; pero no estaría del todo cerca si no contara con el factor tiempo.

La meta del marketing es vender y no concienciar, aunque sabemos que una empresa implicada en las preocupaciones o anhelos de sus clientes vende mucho más que la empresa que está de espaldas a estos. Pero no es tan bonito cómo parece y tal vez, no tan rentable. La compañía debe modificar sus planes de estrategia y amplificarlos en el tiempo, así podrá satisfacer las necesidades económicas y sociales de sus clientes.

Los objetivos se amplían a círculos más universales y que en algunas ocasiones no podremos controlar. Algunas empresas de tablets y ordenadores portátiles se afanan por encumbrarse cómo ahorradores de energía y por defecto, menos contaminantes que el resto; cuando la mitad de sus piezas son altamente contaminantes y no realizan una retirada controlada de los modelos viejos, acabando en vertederos de África.

Tal vez dos ejemplos de marketing social-negativo y positivo-nos ilustren mejor. El primero, es el ineficaz resultado obtenido por la banca, que tras numerosos escándalos de corrupción y estafa, no han conseguido elevar sus bajas tasas de popularidad. En el segundo, por el lado contrario, el positivo mensaje que las compañías alimenticias proyectan cuando se comprometen con el comercio justo.

Marketing y responsabilidad social pueden ser compatibles, siempre y cuando la empresa se lo plantee a largo plazo, tanto para satisfacer las necesidad de sus clientes, como para cumplir con sus compromisos corporativos y atender las necesidades sociales de terceros.

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