Boyhood no es un fracaso empresarial.

La noche de los Oscar es mágica en casi todo los sentidos, pero lo que puede significar para cualquier director, productor, actor o técnico de sonido, tiene mucho más significado que una figurita de oro: el reconocimiento a un trabajo bien hecho.

Entonces, ¿es la película Boyhood un fracaso por sólo haber ganado un oscar? Recordemos que fue rodada durante doce años, en cortos periodos de tiempo y dependiendo de la disponibilidad de los actores, sin contar con el riesgo de lesiones o fallecimientos-Dios no lo quiera. Pero a pesar de ello, Boyhood no sólo no es un fracaso empresarial sino que es un triunfo a la perseverancia, las ideas innovadoras y el buen trabajo de todo un equipo.

A continuación os hablo de los cinco pilares en los que sustenta su “no fracaso”:

Es una idea innovadora y arriesgada.
Para empezar, la simple idea de llevar un proyecto durante doce años-que entre guión y producción serán más-en un sector dónde la inmediatez es vital, además de una locura es innovador; y cualquier idea innovadora ya es un triunfo. Copiar es fácil y a cualquiera que quiera empezar un nuevo proyecto se le aconseja fijarse en los “grandes” para no cometer errores. Pero los errores son parte del crecimiento empresarial, son la clave para que el perfume más famoso del mundo, Chanel número 5, fuera perfecto a la quinta vez o que al señor Walter Elias Disney no le dieran la oportunidad de trabajar en un periódico, con lo que conllevo después. La idea de rodar durante doce años una película, ya merece la pena arriesgarte y poder equivocarte, pero dónde el simple hecho de acabarlo es ya un triunfo.

La planificación ha sido un éxito.
Rodar durante tanto tiempo no ha tenido que ser tarea fácil para el director Richard Linklater, sobretodo porque su metodología se basaba en rodar en cortos espacios de tiempo. Esto suponía poner de acuerdo a todos los protagonistas, año tras año, para rodar, atendiendo a las obligaciones de cada uno y resolviendo los problemas que en un rodaje suelen aparecer-además de los exclusivos del proyecto. No sólo hablamos de actores, también participan cámaras, fotografía, sonido, guionistas, etc. Poner en consonancia a todos, de forma armónica y que el trabajo salga bien ha sido uno de las claves de que el proyecto concluyera de forma positiva; incluso los actores reconocieron que deseban que llegara esa cita anual.

La campaña de Marketing ha sido inmejorable.
Ya de por si, el producto llama la atención con esos doce años de rodaje y ha sido acompañado de buenos actores cómo Patricia Arquette, una actriz que ha sido famosa en televisión y el oscarizado actor Ethan Hawke; aunque el resto del reparto, incluido el protagonista Ellar Coltrane, no es muy conocido. Pero su éxito radica en que se ha vendido cómo un proyecto independiente, ajeno a los circuitos comerciales de Hollywood, cuando se ve que no es así. El director ha sabido vender la rareza de su idea, la originalidad y el esfuerzo que ha sido necesario para ejecutarlo ¿Cuántos de nosotros hemos sabido vender la dificultad de un proyecto?

Se ha rodeado de un gran equipo.
Ya he comentado que algunos actores-Patricia Arquette concretamente-hablaban con añoranza del ambiente que se respiraba en plató cuando se rodaban durante las escasas horas que trabajaban cada año. Esto es un triunfo del director por partida doble: ha elegido a las personas idóneas para hacer el trabajo y ha sabido transmitir la esencia de su trabajo a estas personas. Es fácil reunirse de profesionales, gente muy capacitada para realizar el trabajo que tu les confíes, pero profesionales que comulguen con tu filosofía, o mejor aún, que la compartan y la implementen en todo lo que hagan, eso es casi imposible. Ahí radica en parte su éxito, de no rodearse del equipo perfecto sino del que compartía su visión sobre la vida, el amor, la muerte o el paso del tiempo; es una de las asignaturas pendientes de los Recursos Humanos.

Los resultados acompañan siempre al trabajo bien hecho.
La película, a pesar de su resultado de seis nominaciones y tan sólo una estatuilla-la de Patricia Arquette-no puede tildarse de un fracaso. Dejando de lado que ha recibido Globos de Oro, Bafta e innumerables premios y críticas positivas, el hecho de haber conseguido realizar un proyecto cómo ellos querían, a su estilo, sobrellevando todos los problemas y además hacerlo rentable (invirtió 4 millones de dólares y recaudó más de 43 millones de dólares), es el mejor premio a un proyecto arriesgado pero valiente en su ejecución.

Uno no comienza un proyecto con el objetivo de ganar un Oscar, ni tan siquiera espera recibir el reconocimiento de su propia familia, pero si sigue sus ideales de forma constante, lleva una metodología y pone en práctica todo lo que en sus sueños se genera, obtendrá el reconocimiento más importante, el suyo propio.

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