No caigas en la sensualidad de una mujer con gafas.

La primera vez que la vi ya me llamó la atención, no sólo por sus gafas, sino por el silencio que le acompañaba a las furtivas miradas que nos hacíamos. Cuando una mujer habla, se desnuda, muestra sus sentimientos e inquietudes, pero si no lo hace, el rostro es el primer chivato que te advierte; las gafas no me dejaban ver el “peligro”. Cuando decía algo interesante, me sentía cautivado, pero las gafas me recordaban que no iba a descubrir más, sólo lo que ella quería, lo que ella me permitía y es entonces es cuando te enganchas, cuando intentas descubrir a toda costa quién hay detrás de esos dos cristales.

Estadísticamente, con una población en España, de más del 50% usando gafas (según la Federación Española de Asociaciones del Sector Óptico) es difícil no encontrarse a una mujer que las lleve, si no ha optado por la cirugía o unas incómodas lentillas; nunca entenderé como se renuncia a un complemento tan erótico.

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Y no existe algo más erótico que la insinuación, el misterio y las verdades por capítulos. Sentirte atraído por una mujer con gafas es un juego que comienza en el primer momento en el que deseas saber que persona te observa a través de ellas. Seguras tras su parapeto transparente, se permiten el lujo de analizarte y escudriñarte, con la certeza de que no podrás penetrar por esa máscara tan sencilla pero eficaz.

Si además incluimos gafas de diseño o colores, esas que se salen de la típica gafa de bibliotecaria, nos llevan a un nivel más sexy, más “exhibicionista”. Asistimos a ese momento único en nuestras ciudades, ese momento en el que una “Glassy Lady” camina calle abajo diciendo “soy un misterio y lo grito a los siete vientos” y además en color.

Aunque Hollywood se empeña en demostrar lo contrario. Son innumerables las películas en las que el “patito feo” lleva gafas y se convierte en una mujer bellísima sin ellas; que estupidez. Quitarle a la actriz ese rol de mujer con personalidad e ideas claras, nos está reventando gran parte del guión y nos lo convierte en una simple historia de cuento de hadas, con una princesa cisne y un ganso de príncipe.

Anne Hathaway en "Princesa por sorpresa". Fuente: Buzzfeed.

Anne Hathaway en “Princesa por sorpresa”. Fuente: Buzzfeed.

Todas las mujeres poseen su propia sensualidad, su propia erótica interior que a veces nos dejan entrever y otras, no podemos ni apreciar. Una mujer con gafas te tienta a resolver esa sensualidad, a atreverte a participar de su juego si no tienes miedo a un cambio de las reglas en medio de la partida; y es que todo cambia cuando esas gafas se deslizan hasta la punta de su nariz y te mira por encima de ellas.

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