Los realities siguen en alza.

Ayer finalizó la decimoquinta entrega de ese reality eterno y buque insignia de Telecinco, Gran hermano, con la victoria de su última concursante Paula y con la sensación de haber hecho un buen trabajo; si en efecto, buen trabajo.

Los realities se basan en la emisión de, ya no sólo situaciones cotidianas de gente normal, sino en la provocación de situaciones no tan cotidianas en las vidas de gente normal. Este tipo de concursos ya no se abandonan a la improvisación creando pruebas especiales, retos o incluso eligiendo muy bien a los concursantes para que “den juego”; y esto tiene su trabajo-mérito.

Vídeo del final de Gran Hermano 15

Pero si todavía pensáis que un realitie de las características de Gran Hermano no es un programa de televisión al uso, podemos hablar de cifras, esos números que tanto les gusta a aquellos que pretenden asociar la calidad con las ventas. Según la web vertele.com, el concurso alcanzó la pasada noche más del 27% de share, lo que traducido a espectadores, serían más de tres millones.

Aunque, detrás de estas cifras reivindico el trabajo de muchos profesionales que han intervenido en la emisión del programa y han conseguido un nuevo éxito para su empresa, así de sencillo-y complicado. No podemos juzgar la calidad del producto cuando existen otros medios que crean seudo informativos de carácter partidista. El programa de Telecinco es lo que te venden y no te engañan, no lo ocultan con un velo de documental o experimento social y luego descubres que es sólo un concurso de popularidad.

Pero no es el único caso de nuestra parrilla televisiva. El concurso de Cuatro, Adan y Eva, ha mantenido una media del 13% de share, unos dos millones y medio de espectadores-según información de canaltdt.es. También Antena3 Con TopChef, un reality de cocina, ha alcanzado cifras superiores al 21% de share, lo que se traduce en más de tres millones de espectadores-según vertele.com.

¿La gente es estúpida? No, tan sólo encuentran el sentido real de la televisión que no es otro que el de entretener. Claro que existen otras formas de entretener, pero no las confundamos con educar, que para eso están las escuelas, institutos y universidades. El espectador busca algo diferente y el mérito de estos realities es mantener esa fórmula que nació en los noventa pero que ha sabido adaptarse a este primer cuarto de siglo.

Aunque pensamos que un programa no está a “nuestra altura”, no es justo degradar y menospreciar el trabajo de los profesionales que hay detrás, cuando al menos las cifras les respaldan. La comida de McDonalds o BurgerKing no va a recibir una estrella Michellin, pero ¿hay alguien osado que discuta el éxito de ambas empresas?

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